|
Una vez más Posdatas circula. Atraviesa calles, veredas, y del brazo de algún servidor se deja encantar por los resabios de aromas otoñales –quizás persista alguna hoja rebelde, quizás una flor emanando su perfume-. Lo cierto es que el innegable invierno acecha, el mucho frío empujará a nuestro gentil servidor a ingresar al abrigo de su hogar, de su lugar de estudio, de su trabajo. Y ocurrirá lo esperado: liberará las letras apresadas en las páginas -que hasta ese momento Posdatas cobijó-, inundarán su lugar, se inmiscuirán en sus pensamientos, y tal vez, con un poco de suerte, resonarán más tarde en los ecos de su memoria.
Claro que el bailar de esas letras, formarán palabras, frases, sentidos, se hablará de plástica, fotografía, teatro, literatura, arquitectura, música, …de arte; pero no podemos desconocer, esta es la enseñanza del psicoanálisis, que algo siempre resta, que hay un imposible de decir, que es fracaso la propuesta de una comunicación perfecta. Y aquí Enrique Acuña en su libro Resonancia y Silencio -psicoanálisis y otras poéticas- nos da, una vez más, la clave. Se pregunta ¿Qué nuevo valor darle a ese intervalo (a eso que resta), en un momento histórico, donde el empuje a decirlo todo bajo la ideología de la comunicación y el auge de la técnica, impone las bondades de una conversación sin pérdida?
El intervalo está. Posibilita seguir escribiendo para ustedes, nuestros gentiles servidores.
Paola Boccalari y Mario Farias
|
|